TEGUCIGALPA. ¡Cacahuates dulce y salados, cacahuetes, cacahuates!, anunció el pequeño jovencito mientras nos miraba fijamente. Hoy Tiempo Digital le contará la historia de quién llamaremos «Andrés» para resguardar su identidad.
De tez canela, ojos de color café, y cabello lacio, el valiente Andrés observa a sus posibles clientes; se nos acercó y ofreció de sus exquisita venta: ¿Cacahuates dulces o les gusta lo salado?, preguntó.
Con un pantalón y una camiseta un poco ajada, Andrés de 12 años, se dedica a vender cacahuates en un lugar muy concurrido en la capital de Honduras.
Sí, queremos cacahuates, le respondimos al pequeño mientras nos miraba con emoción, y aprovechó a comentarnos «debo vender rápido, gracias por comprarme».
El reloj pasaba de las 4:35 de la tarde, el sol se iba escondiendo poco a poco y nos llamó mucho la atención por qué Andrés debía vender rápido sus cacahuates. Le pedimos unos minutos para conversar y muy amable accedió a platicar.
Mientras veía fijamente su venta, que por cierto le faltaban unas 10 bolsitas de cacahuates por vender, nos contó que debía terminar antes de irse al colegio.
Con emoción y una expresión de positivismo dijo «quiero salir del colegio ya y quiero ir a la universidad», momento que aprovechamos para preguntar qué quería ser de grande.
Para nuestra sorpresa el pequeño nos reveló «quiero ser periodista o médico para ayudar a las personas». El parlanchín niño notó la alegría que nos invadió al escucharlo y consultó «¿ustedes que estudian?».
El curioso niño al escuchar que somos periodistas -seguramente se sintió identificado- comenzó a platicarnos que veía noticias junto con su madre y sus hermanos.
«A veces lloro cuando veo tanta noticias malas, cuando veo que en accidentes quedan niños heridos yo quiero salvarlos», dijo con un tono de voz más bajo y que denotó tristeza en aquel audaz vendedor de cacahuates.
Siguió explicándonos por qué el deseaba ser periodista o médico «quiero ser periodista para pasar noticias buenas en la televisión o doctor para ayudar a las personas heridas que veo en las noticias».

Andrés, vendedor de cacahuates
¿Que te gustaría ver en las noticias?, le consultamos al jovencito quien de inmediato y sin pensarlo dijo «cosas buenas, como que niños sean ayudados por las personas y no estén tristes y heridos».
Seguramente aquel pequeño soñador logrará ser un destacado periodista o un médico excelente que Honduras y le mundo reconocerá.
Tras escuchar sus explicaciones y aspiraciones nos detalló que en el colegio le iba muy bien. Pero -expresó – que debía ir en la noche porque se acompañaba con otro de sus hermanos, y por las mañana hacía tareas y luego salía de su hogar a vender el producto.
Como un golpe fuerte nos cayó aquella explicación de Andrés, en ese momento, aquel niño nos recordó el motivo que nos llevó a estudiar la noble profesión que hoy ejercemos.
Andrés es uno de los tantos niños que se dedica a vender dulce en la calle para ayudar a su familia a salir adelante en el país. El niño originario y residente en Tegucigalpa quien tiene tres hermanos.
El niño nos contó que su inspiración para estudiar era su hermano mayor quien ya casi se graduaría de la universidad.
Su madre: ¡la mejor de todas!
Y respecto a su madre, con un brillo especial en sus ojos, contó que es una mujer luchadora. «La mejor madre, ella trabaja para darnos de comer a diario».
Además -nos confesó- que no les pide que vendan. Pero él y sus hermanos lo hacen para retribuirle todo lo que ella hace por ellos.
Lastimosamente Andrés vio pasar unos jóvenes con libros en sus manos y sorprendido consultó la hora; ya habían pasado unos 15 minutos desde que lo detuvimos de sus labores.
Con una enorme sonrisa se despidió de nosotros; dejándonos sorprendidos por sus deseos de superación y su valentía ante la vida.
Finalmente, mientras se alejaba de nosotros anunciaba el producto que aún le quedaba:
«Cacahuates, cacahuates, lleve los últimos cacahuates, dulces o salados».
Sépalo
Andrés vende una cantidad considerable de cacahuates al día, cada bolsita la da a 5.00 lempiras. Es de mencionar que el dinero que gana de la venta le sirve para comprarse algunos útiles para el colegio; a veces, incluso solo para un tiempo de comida.